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domingo, 23 de enero de 2011

El último sueño

Pedro, el oculista, ha salido corriendo tambaleándose, los dedos estirados rozaron la luz que se escapaba atravesando las paredes.
-¡Casi la tengo!
Saltando por encima de las cabezas de los pacientes, flotaba por el aire tras la estela brillante. Traviesa no se dejaba atrapar, viendo cómo aquel grandullón corría por toda la consulta con la mirada perdida y los dientes mordiendo con fuerza el labio inferior. Tropezando se derrumbó contra el suelo provocando un retumbante golpe.
Un mar de cabezas se acercó apresuradamente, abriéndole los ojos comprobaron que no daban respuesta.
-¿Respira?
-No, madre.
-¡Ay Dios santo!                                                  
-Parecía feliz, ¿qué crees que estaba soñando?

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