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domingo, 23 de enero de 2011

Decir adiós

“Una semilla en esta tierra desolada significa trabajo”, continúa contando mi abuelo a la vez que se limpia la saliva reseca de las comisuras. Una gota de sudor resbala por debajo de su gorra, ahondando en cada arruga. Me duele la espalda y paro un momento para poyarme sobre la pala. Mientras él coloca la cruz, hecha con dos ramas viejas, justo encima. “Ahora vamos a terminar que se nos echa la tarde encima”. Pero antes me agacho para escribir su nombre: “Violeta”. Volvemos por el camino, y me obligo a no mirar atrás y a contener una lágrima.

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